Sesión solemne por Bicentenario de Independencia

Este día se realizó la Sesión Solemne por el Bicentenario de Independencia. 

DISCURSO

Antes de presentarme ante ustedes el día de hoy, me he hecho dos preguntas y quiero compartirlas respetuosamente con ustedes y exhortar a que todos nos las hagamos:

¿Con qué espíritu llegamos a esta efemérides del país que tenemos?

¿con qué actitud llegamos?

Pero más allá de eso, ¿con qué espíritu estamos dispuestos a construir el futuro de nuestro país? ¿con cuánto compromiso y determinación trabajamos la construcción de una Guatemala que, al igual que el mundo entero, vive de circunstancias absolutamente excepcionales?

Este es un momento propicio para la reflexión. Para dejar atrás, de una vez por todas, aquello que nos divide y para dar paso al compromiso real de reconstruir nuestro país desde lo más profundo de nuestras raíces, valores, necesidades, posibilidades y convicciones.

Hago un llamado hoy, a las puertas del bicentenario de nuestra independencia, para que comencemos de nuevo.

Aún estamos a tiempo de dar vuelta a la página y tomar una hoja en blanco donde podemos reescribamos la historia, una que fortalezca la esperanza y devuelva la confianza.

Estamos llamados a escribir la historia que de testimonio de cómo un país, ante la adversidad, supo reencontrarse, dejando a un lado intereses particulares, haciendo vida el mandato constitucional de procurar el bien común.

Es injusto reducir la interpretación de la historia de los últimos siglos desde la perspectiva de la polarización y la confrontación. Ya basta de divisiones, toca cuidar de esta patria que es nuestra casa común, sin importar de donde vengamos.

Las realidades no son un blanco o un negro absoluto, sino una variedad de matices que permiten en el medio buscar los puntos de encuentro.

Para estudiar la historia, debemos analizar los acontecimientos del contexto histórico en que ocurrieron para tener así una perspectiva más integral que nos permita aprender de ella las lecciones positivas y tomar en cuenta también el aprendizaje que las experiencias negativas nos dejaron para evitar que se repita. 

En todo el mundo, el siglo 19 estuvo marcado por disputas coloniales.

Los siglos anteriores incluso, estuvieron matizados por las disputas bélicas entre potencias en afán de expansión en todos los continentes que hoy conocemos, incluyendo la propia américa y, por ende nuestra Guatemala.

Cada uno de esos acontecimientos de expansión en el mundo trajo consigo guerra y sufrimiento para los pueblos invadidos.   No lo olvidamos y honramos a nuestros pueblos que tuvieron que pasar por ese momento histórico tan doloroso.

No obstante, junto con ese lado oscuro, el mestizaje aportó a nuestra tierra la riqueza de nuevos conocimientos, tecnologías del momento y se configuraron nuevas identidades.

Cuando España llega a Guatemala en 1524, no existía una convivencia armoniosa, pacífica y afable entre los pueblos originarios. No éramos precisamente un pueblo en paz. A pesar de nuestra historia milenaria, nuestra identidad aún seguía en construcción, había una franca disputa -incluso Bélica – entre los distintos pueblos que conformaban lo que hoy es el territorio guatemalteco. Así nos encontraron, divididos, peleando entre hermanos. Nuestra historia hubiera sido distinta si en lugar de guerras y divisiones internas, nos hubieran encontrado trabajando unidos. 

No dejemos que esta historia de confrontación se sigua repitiendo. Podemos pensar distintos, ver el mundo con cosmovisiones diferentes, pero estoy seguro que todos queremos vivir en paz, cuidar de nuestra patria, construir un mejor país para las futuras generaciones.

Los casi 300 años que sucedieron desde entonces hasta la independencia, superpusieron la mezcla de dos mundos.

Al igual que pasó en muchos otros países, los movimientos independentistas no nacieron precisamente de objetivos nobles, altruistas o patrióticos, sino fueron producto de una conjunción de intereses de unos cuantos a los que ya no convenía el dominio colonial, a lo que sumó el debilitamiento de la capacidad de ese dominio colonial de extenderse por más tiempo.

Y ese solo hecho ha marcado de manera profunda los 200 años posteriores que hoy se conmemoran. Estamos consientes de eso.

Por ello, no conmemoramos este bicentenario como un momento histórico patriótico, sino como un parteaguas que, a pesar de su desarrollo y origen polémico, permitió – ni más ni menos – que hoy existamos como un país libre, soberano e independiente. No es poca cosa.

Por eso mismo, conviene hacerse la pregunta:

¿Podemos retroceder el tiempo y cambiar la historia? No

¿Podemos y debemos aprender de ella? Sí !!!!

Debemos poner las cosas en su contexto, con la madurez de quien no puede retroceder el tiempo.

Debemos aprender las lecciones que estos siglos nos han dejado.

Estamos aquí reunidos, en este hemiciclo parlamentario, aquellos que tenemos la enorme responsabilidad de conducir los destinos de millones de guatemaltecos.

De cada acción que nosotros tomemos, o peor aún, que dejemos de cumplir, depende hacer la diferencia entre un país que, a pesar de tenerlo todo para progresar, camina a paso lento o podemos hacer posible remontar el vuelo.

Altas autoridades del estado, diputados del congreso de la República:

Hasta aquí he hablado someramente del pasado. Hablemos un tanto del presente en que arriba este bicentenario de la independencia de Guatemala.

A los rezagos históricos y los enormes desafíos que Guatemala arrastra durante muchas décadas, este bicentenario nos encuentra en una franca amenaza a la vida de la humanidad.

La pandemia del covid-19 ha transformado hasta el más mínimo detalle de nuestras vidas. Este momento que nos toca vivir requiere del compromiso de todos para hacerle frente al verdadero enemigo en común. Requiere todos los esfuerzos necesarios para vencer la pandemia.

Ningún interés particular, del tipo que sea, puede estar por encima de esta causa.

La unidad que nos hará libres comienza por entender nuestras diferencias; por tener empatía frente a las necesidades profundas de nuestro pueblo y por aceptar la riqueza pluricultural que cobija este pequeño territorio que llamamos patria, aquella que estamos llamados a cuidar y defender.

No podemos perder más tiempo en divisionismo ideológicos e intereses particulares y sectoriales que no nos dejan avanzar.

Guatemala es más que lo que ocurre en la ciudad capital. El corazón de nuestro país late doliente en el hambre, la falta de oportunidades y acceso a servicios esenciales en los rincones más remotos de nuestro país. Es allí a donde veo cuando pienso en el largo camino que aún nos falta por recorrer, donde estamos enfocando nuestras fuerzas.

Las puertas del bicentenario son la ocasión propicia para ver a nuestro vecino como a un hermano. Para dejar atrás aquello que nos divide y poner todo nuestro empeño en la construcción de la nueva Guatemala, próspera, tolerante, dispuesta a escuchar al otro, solidaria, más humana.

Que las divisiones ideológicas no nublen nuestra capacidad de visionar un mejor país y de trabajar juntos por el mismo objetivo para vernos libres de las cadenas que nos imponen la indiferencia, la ignorancia, la inequidad, la falta de oportunidades. Por eso trabajamos en la construcción de un país fuerte, en el que cada uno de sus ciudadanos tenga acceso a la salud, a la educación de calidad y encuentre el desarrollo y en el que migrar no sea sólo una decisión no la única opción.  

No podemos seguir viviendo de espaldas al futuro.

Por ello, reflexionemos,

Ante el mayor reto ¿queremos llegar enfrentados?

Ante la mayor amenaza ¿queremos llegar divididos?

Ante el mayor enemigo ¿queremos luchar contra nosotros mismos?

¿A dónde nos lleva eso si seguimos en esa inercia? No pensemos en nosotros mismos y en los puestos que temporalmente ocupamos.

Pensemos en los millones de personas a quienes tenemos la obligación de servir y cuyo futuro depende de las decisiones y acciones que hoy tomemos nosotros.

Pensemos en ellas, madres solteras que hacen frente a la vida para sacar adelante a sus hijos y sus familias mientras aquí discutimos.

Pensemos en ellos que salen día con día a buscar el pan para su hogar, que aguantan las más largas jornadas antes de regresar a casa mientras aquí nos enfrentamos.

Pensemos en las niñas, pensemos en los niños que merecen les demos un futuro mejor. 

Quienes aspiren a dirigir los destinos del país a partir de 2024 reflexionen si desean recibir un país rasgado por sus confrontaciones internas o es mejor sentar las bases para un país más fuerte, que avanza con determinación y unidad de cara al futuro.

Guatemala tiene enormes desafíos en cuanto a la pobreza, desigualdad, desnutrición, infraestructura deficiente, servicios públicos con décadas de rezago. Nos enfrentamos a la constante amenaza de las consecuencias por el cambio climático que se vuelve un obstáculo para el desarrollo. Tantos retos aún por superar.

Pero la pregunta que debemos hacernos con sentido de país y de estadistas es:

¿los enfrentaremos mejor confrontados o unidos?

¿peleados o en paz?

¿juntos o divididos?

Yo lo tengo claro.

Yo le apuesto a la unidad.

Altas autoridades del estado, diputados del congreso de la república:

Al principio de mi alocución dije que también me pregunté con qué espíritu y con qué actitud acometeremos el futuro cuya construcción comienza desde hoy mismo.

Ante el pasado polémico, lejos de enfrentarnos no nos queda más que aprender de él y evitar que se repita en su parte negativa. No podemos regresar la historia.

Pero el futuro sí depende de nosotros.

Por eso es allí donde debemos concentrar nuestros esfuerzos, energías e iniciativas.

Tenemos cuando menos cuatro grandes retos como país, como nación, como sociedad:

  1. Superar la pandemia con el esfuerzo y la corresponsabilidad de todos;
  2. Fortalecer la institucionalidad del país en lugar de debilitarla en todos los ámbitos del estado;
  3. Reactivar la economía de manera integral e inclusiva como la forma más efectiva de mejorar las condiciones de vida para el conjunto de la población del país;
  4. Iniciar el arduo y complejo camino de la construcción de la Guatemala en la que todos se sientan incluidos. En la que todos los guatemaltecos, sin importar su origen se sientan parte de esa casa común que es nuestro país.

Son retos en los que podemos obtener resultados en el corto, mediano y largo plazo sólo si lo hacemos con determinación, abriendo nuestra mente y nuestro corazón, pensando en la Guatemala del futuro.

Si queremos un nuevo y mejor país ese es el único camino que tenemos.

Si no asumimos este compromiso de trabajar unidos de cara al futuro, vamos directo a la autodestrucción, Guatemala no resiste más.

Más que declaraciones continuas de confrontación, de descalificación, de malos augurios, de auto-flagelación, vale más hoy tender puentes, espacios de comunicación, debate y búsqueda de acercamientos y acuerdos.

Para participar en ese proceso tan sólo hace falta tener una actitud constructiva y de solución de los problemas, más que una agenda de agravarlos o aprovecharse de ellos para beneficio propio.  Estamos llamados todos, a hacer lo que nos corresponde, desde la posición que ocupemos, no importa cuál sea.

Por ello, mi llamado en esta histórica fecha a todo el país, a la Guatemala profunda, a las fuerzas políticas, a las iglesias, a la academia, a las comunidades a los pueblos indígenas, a la sociedad civil, a todas las fuerzas vivas de la sociedad, a las instituciones del estado…

Unámonos.

Unámonos en esfuerzo por construir esa Guatemala post-bicentenario.

Unámos y tendamos puentes de entendimiento, diálogo y acuerdos por el país que queremos.

Unámonos dejando atrás las disputas.

Unámonos todos tras el único objetivo,

El futuro de Guatemala

Muchas gracias.

 

Guatemala, 14 de septiembre de 2021

                                      ▼

Presidente de la República, Alejandro Giammattei
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